La vid es una planta liásica (Jurásico Inferior o Temprano  abarca desde 200 a 175 millones de años) que en el pasado crecía en los árboles. Si se dejara desarrollarse de forma silvestre, se extendería a lo largo, porque las yemas del último extremo de la punta de los tallos son las primeras en brotar.
Con la poda de la vid se evita la tendencia al crecimiento incontrolado y la debilitación de la estructura de la planta. La vid sin podar se vuelve frágil, difícil de cultivar y con frutos de poca calidad.
Además, es más vulnerable a micosis y dado que cada vez brotarían más yemas, se incrementaría el número de racimos y las uvas serían más pequeñas  y de una menor calidad.
La poda influye de forma decisiva tanto en la cantidad como en la calidad del rendimiento.

En la poda se decide cuantas yemas se dejan por cepa. De cada yema brotará un pámpano que, más adelante, dará hasta tres racimos. Si los tallos son demasiado largos, el número de racimos puede ser demasiado elevado para la capacidad de fotosíntesis de la planta. Como consecuencia se creará una relación desfavorable entre el fruto y las hojas y, por lo tanto, será difícil conseguir la maduración de las uvas. Además, dado que las uvas tienen preferencia en el abastecimiento, la planta podrá producir pocas reservas y se debilitará.

Si por el contrario, el número de yemas es demasiado bajo, la planta no puede exteriorizar su capacidad de crecimiento; en realidad se consigue que tenga un crecimiento exuberante (con pámpanos fuertes), pero una productividad insignificante y no aportaría ningún beneficio a la calidad.

En la poda, hay que limitar las incisiones tanto como sea posible, puesto que son los portales por los que irrumpen las enfermedades de la planta.

El método de la poda debe ajustarse a la clase de la vid. En las variedades fructíferas, se forman racimos en todos pámpanos y en las menos productivas, no se desarrolla ninguno en los brotes situados debajo.
El primer caso se brinda a una poda corta para evitar la superproducción. El segundo requiere un corte largo para obtener un rendimiento satisfactorio.

En la poda corta, los pámpanos se cortan por encima de dos o tres yemas. Esta técnica se utiliza en la poda gobelet o poda de vaso y en la llamada “poda de cordón” a uno o ambos lados.

En al caso del corte largo los pámpanos se cortan, como mínimo, por encima de las cinco yemas y se suele dejar un pámpano  de dos yemas, que se denomina el corte guyot, para evitar que la cepa se extienda y preparar la poda del próximo año.

Los viticultores experimentados, podan tan tarde como les es posible siguiendo el refrán: “Si no podas en marzo, no vendimiarás y poco vino beberás”.
 En otras regiones la costumbre obliga a no empezar con la poda antes del día de San Vicente, patrón de los viticultores, que es el 22 de enero. En las zonas en las que durante esta estación hay peligro de heladas, es aconsejable retardar tanto como sea posible el brote de las cepas. En estas zonas se prefiere el corte largo. Primero brotan las yemas en las puntas de los tallos; las otras surgirán más tarde. Si las primeras se helasen, serían sustituidas por las más tardías.

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